A Candy colored clown
In Dreams - Roy OrbisonAcuff Rose and Opryland Music (BMI)Copyright 1963 Monument Record Corp.
A candy colored clown they call the sandman/Tiptoes to my room everynight/Just to sprinkle stardust and to whisper/Go to sleep, everything is alright/I close my eyes then I drift away/Into the magic night I softly say/A silent prayer like dreamers do/Then I fall asleep to dream/My dreams of you/
In dreams I walk with you/In dreams I talk with you/In dreams you're mine/All of the time with you/Ever in dreams, in dreams/
But just before the dawn/I awake and find you're gone/I can't help it, I can't help it if I cry/I remember that you said goodbye/It's too bad that all these things/Can only happen in my dreams/Only in dreams/In beautiful dreams.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Alice Cooper - Welcome to my Nightmare
Ya pasó la semana de Halloween, pero como no tuve Internet, pues aquí va. Mi homenaje a quien antes de Marilyn Manson -que me cae muy bien- comenzara con su rollo satánico. Alice Cooper, cuyo nombre artístico se dice fue tomado del de una famosa bruja de allá del gabacho, incursionaba -como solista- a mediados de los setentas en la escena del Rock. Sus temas oscuros y sus magníficos videos hablan por sí mismos; aunque como plus en éste hay un cameo del magnífico Vincent Price, en el rol de "The Spirit of the Nightmare".
domingo, 28 de octubre de 2007
¿Dónde quedó el miedo?
Cuando se hace un refrito de un clásico del cine, es inevitable comparar las dos -o más- versiones entre sí. Sin embargo, creo que lo mejor es no esperar mejoría alguna. En tanto que me pregunto si las distintas adaptaciones cinematográficas de Drácula son remakes la una de la otra y sucesivamente. Definitivemente, NO. Éstas se desprenden de una fuente literaria, y no podríamos decir, exactamente, dónde está el fúsil, ¿o sí?. Y, de ser así, pueden surgir notables homenajes, como el de la versión de Coppola -la mejor- al Nosferatu de Murnau y al estilo gótico de las producciones de la Hammer, entre otros detalles.
Fui a ver Hasta el viento tiene miedo bajo mi propio riesgo, ya que leí opiniones encontradas; aunque eran de publicaciones sumamente comerciales, como lo es el filme en cuestión. A fin de cuentas hay que ver qué chingados habían hecho, ¿no? Gustavo Moheno, director de la cinta, alegó un rollo de distanciamiento con respecto a la realización de Carlos Enrique Taboada: que si iba a explotar el subtexto que halló en el guión y bla, bla... El caso es que como acertadamente se ha dicho, el fantasma no logra asustar a nadie -salvo en breves lapsos, que prometen más de lo que finalmente entregan-. Además, el famoso subplot de cuestiones menstruales (literalmente), que tienen que ver con el crecimiento y "la vida", pues yo no acabo de asimilarlo. Lo mismo que la cuestión lésbica -como el infaltable cliché- en un internado, clínica de rehabilitación o lo que fuese dicha institución, a cargo de la Dra. Bernarda (mi ex maestra Veronica Langer) .
Fui a ver Hasta el viento tiene miedo bajo mi propio riesgo, ya que leí opiniones encontradas; aunque eran de publicaciones sumamente comerciales, como lo es el filme en cuestión. A fin de cuentas hay que ver qué chingados habían hecho, ¿no? Gustavo Moheno, director de la cinta, alegó un rollo de distanciamiento con respecto a la realización de Carlos Enrique Taboada: que si iba a explotar el subtexto que halló en el guión y bla, bla... El caso es que como acertadamente se ha dicho, el fantasma no logra asustar a nadie -salvo en breves lapsos, que prometen más de lo que finalmente entregan-. Además, el famoso subplot de cuestiones menstruales (literalmente), que tienen que ver con el crecimiento y "la vida", pues yo no acabo de asimilarlo. Lo mismo que la cuestión lésbica -como el infaltable cliché- en un internado, clínica de rehabilitación o lo que fuese dicha institución, a cargo de la Dra. Bernarda (mi ex maestra Veronica Langer) .
Así es como la atractiva, y dos veces suicida, Claudia (Martha Higareda) aparece como la "víctima" ad hoc de una alma en pena que clama venganza. A diferencia de la obra maestra de Taboada, aquí nomás uno no logra empatizar con la mentada Andrea (digo sí está guapa, pero... !chale!). La sociópata y luego chismosa (Danny Perea), personaje que parecia iba a desarrollarse de una forma más "interesante", nunca despega, y acaba como una carícatura (lástima porque se me hace buena actríz). Bueno, dejemos en paz a las protagonistas. Pero, me cae que no es que me importen si algunas secuencias estuvieran inverosímiles; yo sólo quería que se explorara la cuestión del miedo y no se imitara -una vez más, como en Km 31 y anexas- la estética asiática del horror.
Tampoco es para que empecemos a acuñar un término o fórmula, tipo "a la mexicana", para "estipular" las vertientes que debe seguir el género de horror en nuestro país. Tenemos que aceptar que el imaginario colectivo (sea lo que esto signifique) tiene muy frescas las secuencias, tramas, actuaciones, utilería y otras "joyitas" de las películas de El Santo e, incluso, las del estilo Vacaciones de terror (mal pedo, ¿no?). Porque la neta si un cineasta quiere intelectualizar dicha corriente, tendría que aprender de los maestros, Roger Croman, Terence Fisher, Mario Bava o Darío Argento, por mencionar a algunos de los clásicos. O bien, si de hacer homenajes se trata, ahí están Tim Burton o Coppola -como señalé antes-. Pero si se quiere ser "original" (quien lo sepa que diga cómo), al tiempo que se toman prestadas múltiples referencias sin razón (porque eso de justificación es una mamada), el resultado sólo deambulará entre lo "incomprendido" y lo pretencioso; mientras espera que, tal vez, futuras generaciones lo conviertan en un filme de culto (muy a nuestro pesar).
Nota: el fuerte soplido del viento, elemento sustancial de la primera versión, no aparece mas que de manera circustancial.
martes, 9 de octubre de 2007
Algo nuevo
El tercer largometraje de Carlos Reygadas, el llamado enfant terrible del cine mexicano, presenta un contexto inusitado dentro de la cinematografía nacional -y tal vez hasta internacional-, en el género de la ficción. Desde el título mismo, que es originalmente Stellet licht (2007), traducido al español como Luz silenciosa, uno se extraña y predispone a que el filme trata de algo diferente de lo "normal".
Es así, que en está ocasión estamos lejos de ver el campo hidalguense de Japón (2002) o la caótica urbe de la ciudad de México, como en Batalla en el Cielo (2005) y, en su lugar, tenemos como escenario una comunidad menonita de Chihuahua. Aquí es donde un padre de familia lídia con un conflicto amoroso -y todo lo que ello implica-, pues la mujer en cuestión no es su esposa. Johan, el protagonista, se debate en una lucha que contradice sus creencias tanto morales como religiosas; mientras vemos cómo se desarrolla su vida diaria al interior de su propia casa, y con demás familiares y amigos.
Además, ahora no hay "cochinadas" por parte del cineasta -sexo con una anciana o entre dos personas obesas, felaciones gratuitas o chaquetas mentales-, sino que realmente existe una historia de amor (por mamón que suene). No es que crea que lo que hizo antes estuviera mal, salvo que, a veces, sí se excede en confrontar a la audiencia y, al parecer, olvida que no puedes saturar una cinta, como lo hizo en Batalla..., con reiteradas connotaciones a las diferencias de clase; o en Japón, con sus largos shots en travelling, como si fuera el sucesor "natural" del desaparecido maestro Andrei Tarkowski. En lo personal no vivo asqueado por la -patética- escena de coito con la señora del primer filme ni con los gordos haciendo lo suyo, en el segundo; aunque tal vez sí estoy desconcertado por otras cosas. Por lo que, de haber incluido alguna secuencia pretenciosa -sin justificación (sea lo que esto signifique)- en Luz silenciosa, habría caído de mi gracia.
"Esto que te está sucediendo es obra del maligno", dice el padre de Johan -quien además es un predicador-, a lo que su hijo responde: "creo que más bien es obra de Dios"; eso si no me falló mi paráfrasis. Ante la duda de haber encontrado en Marianne a su "mujer natural" como la llama Zacarías, un amigo del protagonista; el último continúa con su vida al lado de Esther, su esposa, y sin embargo no puede desprenderse de su "verdadero" amor.
En fin, en un tono antropológico, lejos de los documentales (díganse del Discovery o History Channel, y anexos), la deslumbrante propuesta visual de Reygadas mueve y conmueve (¡qué pedo!); mientras que su economía y austeridad de recursos histriónicos -los actores son gente del lugar- y narrativos, no resultan, en ningún momento, un impedimento para empatizar con el héroe y su disyuntiva. Asimismo, el hecho de que uno tenga formada una imagen de la vida de los menonitas, y piense que viven tan aislados del mundo y sólo producen quesos, se ve rebasado por las acciones -rei
tero- cotidianas, que vemos en pantalla.
Una vez más, el director ha roto con nuestros esquemas y, de paso, a algunos nos ha distanciado de los mitos; por lo que estamos, sin duda, ante algo nuevo en las salas de cine ¿mexicano, menonita o mundial?
viernes, 17 de agosto de 2007
¿Renovar el género?
Desde hace tiempo esperaba que se estrenara en México la cinta Vacancy (2007), la cual -al igual que otros ingeniosos bautizos de los distribuidores- recibió el nombre de Hotel sin Salida. Nuevamente, estamos ante una historia convencional cuyo punto de partida es una "wrong- turn" de unos viajeros gringos, que no tienen más remedio que pasar la noche en un motel (bastante pinche), ya que su coche está averiado.
Los protagonistas son el matrimonio Fox, conformado por David (Luke Wilson, irreconocible histriónicamnete hablando) y Amy (Kate Beckinsale, bella inglesa agringada), el cual atraviesa por una crisis de separación -no muy clara al principio- que los mantiene al borde de la neurosis. No obstante, habrán de cooperar -y olvidar sus confictos- para escabullirse de los "snuff-fimmakers" del hotel que los acosarán sin descanso. Casi todo en la historia es un gran lugar común, aunque hay que decir que, cuando parece venirse abajo -caso de Camino hacia el Terror (2003) y similares-, la trama es consistente; y, gracias al manejo formal y verosímil (cinemático a fin de cuentas), sale avante.
Al parecer han quedado atrás los Michael Mayers y los Jasons. Aquí, me gustaría mencionar de paso a El Cazador (Woolf Creek, 2005), film australiano inscrito en la tradición de las "Road Movies" que se acerca a una versión moderna de The Hills Have Eyes (1977), de Craven, cuyo re-make no estuvo tan peor, pero fue sólo éso. No obstante, que, la primera, ha sido calificada de misógina por Roger Ebert, es sumamente rescatable la idea de un psicópata que, trás dejar su profesión de cazador-veterano de guerra, emplea su tiempo en mutilar a sus víctimas -"perdidas en el desierto". Por lo tanto hablamos de un personaje que, sin poderes sobrenaturales, parece imparable.
No sucede así en Vacancy, pues ésta, en verdad, se asemaja más a una pesadilla -"realista"- donde nos están persiguiendo cuchillo en mano, y uno nada más los esquiva e intenta ocultarse de los agresores. No hay ese sigilo de los clásicos "slashers" de Halloween o la brutalidad -en seco- de Leatherface en La Masacre de Texas (1974). Por el contario, el juego del gato y el ratón pretende estar más elaborado, sin dejar de lado la omnipresencia del(os) asesino(s). Aunque por lo poco que he visto en la red, no le han dado mucho crédito al trabajo del director Nimród Antal, ni a los actores, ni al guionista; y, claro, tampoco al film.
¿Será que necesitamos tiempo para empezar a digerir el cine de terror con tintes gore del nuevo milenio? A diferencia del horror que -si no mal recuerdo, apuntaba Norma Lazo en su libro El horror sobrenatural en el cine y la literatura-, proviene de agentes externos (p.e. entes sobrenaturales, hechizos, etc.); en el terror lidiamos con realidades, es decir, puede suceder porque lo infringen los mismos seres humanos -o vivos. Asimismo, Clive Barker ha hecho mención del hecho de que los terrores de la infancia son los mismos en la edad adulta, sólo que ya no tememos al Cóco, sino al asaltante de un oscuro callejón .
En fin, Vacancy no es una gran película que haya venido a sentar las pautas del género, sin embargo, creo que sí refresca un poco la forma en la que puede ser concebida una cinta de su "tipo", lo mismo que El Cazador ("misógina" es un adjetivo muy fuerte). Qué distinto es ver propuestas como éstas -aun con sus altibajos- a los refritos de los éxitos setenteros y ochenteros. Con todo y que, de estos últimos, algunos críticos (¿sexistas o sinceros?) han señalado que las nuevas protagonistas están más buenas (I agree).
martes, 31 de julio de 2007
El fantasma de la noche, en perspectiva
Más allá de un homenaje a la original de 1922, obra de F.W. Murnau, Nosferatu: Phantom der Nacht (1979), de Werner Herzog, pretendía tender el puente cultural entre lo que había sido el Expresionismo alemán y los nuevos realizadores -de su tiempo- como él mismo, Fassbinder y Wenders. Es así que en su versión de Drácula -porque aquí sí se llama así, no Orlock- cuenta con la interpretación de Klaus Kinski (mi suegro), monstruo no sólo de la actuación -ustedes comprenden- en el papel del conde transilvano. Bruno Ganz (futuro ángel y Hitler) personifica a Johnatan Harker, mientras que su amada Lucy (ni Mina ni Helen) es encarnada por la pálida belleza de la francesa Isabelle Adjani.
Al parecer, el cineasta establece en tres actos los trayectos de los protagonistas, ya que en primera instancia vemos el viaje del héroe a los Cárpatos, donde atraviesa una serie de dificultades para llegar a su destino, con la idea de que gracias a su venta podrá comprarle una mejor casa a su esposa. Luego, el antagonista, más suerte de antihéroe, no cesa de hacer hincapie en su soledad y en cómo su inmortalidad es una maldición. Finalmente, la heroína, consciente de que el destino de la raza humana -del puerto de Weimar- se encuentra en sus manos (en su ser mujer), decide acabar con la peste. Es así Nosferatu... una película híbrido entre sus fuentes: literaria y cinematográfica, en la cual los personajes tienen un desarrollo más verosímil que en otras versiones (la de Coppola se cuece aparte).
No obstante, los aportes de Herzog merecen tomarse en cuenta pese a su oscuridad -en el amplio sentido del término. ¿Por qué Van Helsing no deja de apuntar que viven en una época de la razón? A diferencia del tradicional que viene siendo un científico-teólogo incansable y no un esceptico. Por otra parte, el Renfield está genial -como buen lunático- cuando le pregunta a su amo ¿qué debe hacer? Y recibe una respuesta tan absurda como alentadora; uno no sabe si es una parodia o algo más banal. Con todo, mi apreciación de la cinta -a 12 años de haberla visto por vez primera- resultó mucho más "cohesionada" o ¿quién sabe? La onda es que, en aquel entonces, ni siquiera sabía quién la dirigia, o tenía referencias de la de Murnau, salvo la imagen clásica del vampiro con incisivos de rata. Además la vi en inglés, siendo que está es -la mera mera- hablada en alemán, es decir había checado Nosferatu: the Vampire.
En fin, ahora pude apreciar más toda esa danza macabra y apocalíptica cuando creen que las ratas son las portadoras de la peste negra. Ya no estuve preocupado por si respetaban la historia de la novela de Stoker, sino en la realización del artista.
"Death is not the worst. There are things more horrible than death".
jueves, 26 de julio de 2007
The Pretenders - Middle of the road
La voz de Chrissie Hynde es, en mi opinión, una de las mejores junto con la de Stevie Nicks de Fleetwood Mac; curiosamente, otra banda anglo-americana. Y este video es de mis favoritos.
martes, 24 de julio de 2007
Simply outstanding II
Olivier era críticado - o alabado- por su sobreactuación, ya que su estilo -decían- se prestaba muy bien para el teatro mas no para el cine. No obstante, su presencia ahí queda. Lo recuerdo en Espartaco (Kubrick, 1960), donde tan sólo le bastaba decir "my young friend" y pararse como patricio romano, para imponer su fuerza histriónica en el relato. Además, ¿acaso Orson Welles, no se actuaba así mismo? O, no vallamos tan lejos: Arturo de Cordova nunca pudo negar sus raíces como locutor -razón por la que se le cuestionó a Buñuel su elección para Él (1953). En su versión de Hamlet, Olivier ocupa el papel principal de quien alguien dijo -no encuentro ni recuerdo quién- era el actor/personaje por excelencia, y lo hace con maestría. El príncipe danés que exclama la clásica frase "To be or not tobe, that is the question", dilema que todo ser humano -que se precie de serlo- ha enfrentado, o bien, lo hará en algún punto. Como un plus, el realizador hace buen manejo del lenguaje cinematogáfico para contarnos la historia y hablarnos de la psicología de sus personajes, tal y como encara "the fair Ophelia" (the beautiful Jean Simmons) su deseo reprimido por el noble -quién por cierto- como dicen por allí "era bien cabrón" (jajaja). Debo confesar que no pude prescindir de los subtítulos en español y, aquí, quien halla leído Shakespeare sabe que las palabras no son siempre lo que significan literalmente, por lo que aun si el dvd trajera close captions, estaría complejo -cabrón- captar su sentido a primera vista. En fin, queda la duda de si al adaptar Shakespera al cine, uno puede hacer a un lado sus elocuentes diálogos en verso. De haber realizado Tarkovski su versión fílmica, ¿habría prescindido de ellos? Me parece que, obviamente, hay mucho de teatral en la cinta de Olivier; pero también, sin necesidad de mucha faramalla, los escenarios del castillo, así como la batalla naval (de maqueta, "of course") están bastante respetables en tanto cinemáticos y no como de las tablas actorales -y qué decir de la secuencia en el cementerio que me permitió saber de dónde sacó Barker -en Candyman- eso de "sweets for the sweet". Otra adición intertextual se hace presente para los fans de las pelis de la Hammer que sabíamos de la aparición de Peter Cushing, aunque (yo) no teníamos idea -de qué manera ibamos a ver al futuro Dr. Frankestein y Prof. VanHelsing-, pues mis respetos. Esta es "The play within the play", en la cual Hamlet sería "the actor in the play, as himself -or as an actor-, within the other play", al menos en el filme.
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