A Candy colored clown

In Dreams - Roy OrbisonAcuff Rose and Opryland Music (BMI)Copyright 1963 Monument Record Corp. A candy colored clown they call the sandman/Tiptoes to my room everynight/Just to sprinkle stardust and to whisper/Go to sleep, everything is alright/I close my eyes then I drift away/Into the magic night I softly say/A silent prayer like dreamers do/Then I fall asleep to dream/My dreams of you/ In dreams I walk with you/In dreams I talk with you/In dreams you're mine/All of the time with you/Ever in dreams, in dreams/ But just before the dawn/I awake and find you're gone/I can't help it, I can't help it if I cry/I remember that you said goodbye/It's too bad that all these things/Can only happen in my dreams/Only in dreams/In beautiful dreams.

domingo, 3 de febrero de 2008

Peter Murphy - Cuts You Up

"¿A poco ese güey sabe quién es Peter Murphy?", me preguntó sorprendido mi amigo Beto, el Reno, luego de que acompañé a Pepé, el caballo, a comprar "cintas", como el les llamaba, allá en el tianguis de Balderas. Sabía un poco -lo suficiente-, por lo que le aconsejé que mejor comprara el recopilado de hits del cantautor inglés, ex líder de Bauhaus. Y al menos ésta, del álbum 'Deep', de 1990, sí la conocía.
"Those were the nineties, men!"

miércoles, 30 de enero de 2008

Lo de hoy

Ha sido ampliamente discutido que el cine y la literatura de horror/terror son una suerte de vehículos para abordar temas sociales, espirituales, existenciales, etc. De modo que, a pesar de los detractores del género en cuestión, siempre habrán (gracias a Dios) escritores y cineastas que busquen audiencias que demanden algo más que el simple entretenimiento en sí. Por lo tanto, la presente temporada resulta más que propicia para explorar dos filmes de la oferta cinematográfica y su propuesta en materia de horror/terror.

Ahí está La posesión (Requiem, 2006), cinta alemana que ficcionaliza un suceso real, el de una joven alemana que decía estar poseida por demonios, allá en los setenta. Contemporánea de dicho film, y de factura hollywodense, El exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson, 2005), con una propuesta bastante inteligente, vino a cuestionarnos como hombres y mujeres "(pos)modernos". Dado que plantea un debate en torno a las doctrinas teológica y científica, es decir, el exorcismo ayudó a la chica en su ascención al Cielo o simplemente, su ignoracia -y la de los que la rodeaban- la mató; mientras que, por otra parte, se nos pregunta si la psiquiatría era su verdadera salvación o sólo un martirio para alargar su pena. En suma: existen los demonios o son una vuelta al más puro primitivismo.

En Requiem, el director, Hans-Christian Schmidt, opta por tomar distancia del hecho sobrenatural e incluso del médico y, en cambio, decide explorar el aspecto humano en la protagonista, es decir a su persona(je), a quien vemos de fuera, sin un sólo monólogo interior que nos lleve a asentir si está poseída o no. Así que observamos a la cándida Micaela desde que deja a su castrosa madre en casa, gracias al apoyo de su padre, pasando por las relaciones que entabla con su amiga y novio en la universidad, respectivamente. Tales referencias deberían de alejar de las salas al público que espera ver El exorcista 30 años después, o bien hacerse de nuevos adeptos al terror psicológico en atmosferas que van de lo gótico -que a los teutones se les da bastante bien- a la tragedia moderna. Lo anterior, en un tour de force que va marcando a las sociedades de la provincia y la ciudad; lo privado y lo público; la religión y su praxis, etc., y el shock que esto puede producir en los seres humanos. Lamentablemente, me he dado cuenta que la mayoría de los espectadores que se acercan al filme pertenecen al primer grupo; además en el tianguis de por acá (Av. Sta. Ursula) vi que la vendían como una más de terror, así que lo peor serán esos comentarios del tipo "¿y luego?", siendo que ese no es el punto (si es que existe uno solo).

Por otra parte, se está anunciando en los canales de Televisa, "El orfanato, una película de Guillermo Del Toro"; que de hecho está producida por él, pero no es ni guión ni realización suya, pese a que tiene todo su toque (pus quién pone el varo, ¿verdad?). Aquí sí hay fantasmas, salvo que también habitan en la mente de la heroína, que intenta salvar a su hijo adoptado e infectado de VIH, para lo que lleva a cabo una suerte de ritual -metafóricamente hablando- de vuelta a la infancia. Laura adquiere la antigua casona, que fue el orfanato donde ella vivió su infancia y ahora intenta crear un pequeño centro de ayuda para "niños con problemas".
Tomando mis "precauciones" asistí a la función de las 12 del día, y ni así faltaron los niños que entraron acompañados de un adulto -esperando gritar y asustar a us amiguit@s-, cuando no es una cinta para niños, más allá de lo violento de algunas secuencias, los temas planteados por el realizador, Juan Antonio Bayona, resultan complejos para digerirse - y hace falta una buena memoria audiovisual-. Apoyado en el inteligente guión de Sergio G. Sánchez, las vueltas de tuerca sorprenden a un nivel que va más allá del epílogo convencional. Sin embargo, la audiencia espera otra cosa (no sabe qué o, mejor dicho, por qué, sólo que le late o no), lo entiendo de los churros como Hasta el viento tiene miedo, 2007; pero hay que ver que no todo tiene que desarrollarse y culminar en mero entretenimiento light.
Además de los filmes en cuestión, creo, lo más rescatable es que uno puede darse cuenta que no todo el cine de horror/terror, con toques de misterio y otros géneros, es para el mismo público. Por eso deberíamos de olvidarnos de esas clasificaciones absurdas que degradan al género/subgénero u lo que sea, en vez de ir al cine como si consumieramos medicamentos genéricos intercambiables, pues no siempre hallaremos lo mismo en el botiquín.

jueves, 24 de enero de 2008

Red Hot Chilli Peppers - Higher Ground

Soy setentero, por meses, ochentero, por formación e infancia, y noventero, por adolescencia. La verdad es que del 96 a la fecha he adquirido poca música actual. La piratería no estaba tan al alcance -y qué decir de las descargas de Internet-, así que cuando había varo, me parecía mejor invertirla en un clásico.

Éste es el primer video publicado aquí, que ya le pega al 90. No obstante, la rola es un cover de aquella interpretada por Stevie Wonder (creo que en los 70s).

sábado, 19 de enero de 2008

Señoras y señores, queda con ustedes: El 'Western'


Me había quedado la espinita de no haber podido escribir sobre El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007), de Andrew Dominik. Entre otras cuestiones quería llegar a mencionar a la también esperada -que de hecho ya había pasado por la cartelera comercial mexicana, sin pena ni gloria, y sin que yo la viera- Misión peligrosa (3:10 to Yuma), de James Mangold, remake de una cinta clásica de los años cincuenta, basada en un cuento de Elmore Leonard, autor de la novela Rum Punch (llevada a la pantalla grande por Tarantino, en 1997, como Jackie Brown, la estafa ). Si en la cinta de Dominik nos quedó claro que todavía hay western después de Los imperdonables (1992), de Eastwood; con el filme de Mangold, comprobamos que las buenas historias siguen siendo rentables, siempre y cuando estén bien dirigidas, actuadas, cinefotografíadas, etc, etc.




En El asesinato..., adaptada de la novela homónima de Ron Hansen, observamos una deconstrucción del mito a través de la caracterización de un bandolero convertido por los novelistas populares en héroe: Jesse James, quien tiene que lidiar no sólo con su nombre sino también con el hecho de enfrentar la decadencia de su pandilla -y de sí mismo-, situación altamente propicia para la traición y, claro, el despertar del miedo. Un hombre, en apariencia común y corriente, Robert Ford, sobrevive a la leyenda; pero lo hace a un precio muy muy alto. Ford pasó a la historia como el cobarde que acabó con la romántica figura de un hombre, cuyo nombre no puede disociarse del mito del forajido y, por supuesto, de la historia del Medio Oeste americano -sino es que de todo el país.




De modo que la mayor parte del tiempo, la película es apreciada desde la perpectiva del joven Ford, de quien no se sabe en qué momento la idolatría por Jesse no es más que un disfraz de una persona por demás inteligente en relación al "bandolero promedio" (sea lo que eso signifique). Por lo tanto, es como si el cobarde, siendo el más cuerdo de todos, develara a James el personaje para mostrárnoslo como un hombre de carne y hueso, que, a fin de cuentas, solía ser un tipo ruín, en ocasiones (vivir en las condiciones de la pos- Guerra Civil debe haber sido muy cabrón y ser el líder de una banda, peor), y un cariñoso esposo y padre, en otras.



Por otra parte, en Misión Peligrosa (mas no imposible), el ranchero, lisiado durante la Guerra Civil, Dan Evans, se ofrece a viajar con la comisión que traslada al bandolero Ben Wade al tren que pasa alrededor de las 3:10 por el pueblo de Contention, con destino a la prisión de Yuma. Evans ha enfrentado su díficil condición social defendiendo sus tierras del terrateniente, buitre capitalista -mal pedo- de la región; además de que tiene que lidiar con un hijo adolescente -rebelde admirador de Wade- y una esposa condescendiente ("salió verso sin esfuerzo"). Wade, mientras tanto, es un paria que, no obstante, muestra lealtad y ciertos valores que nos llevan a empatizar con él.


Como resultado, la acción es trepidante, sin caer en las secuencias tipo Piratas del Caribe (más para la familia), y vaya que si luce el paisaje. Definitivamente el Western, que nació siendo cinematográfico, así permanecerá. Asimismo, me atrevería a decir que es el género donde corre más testosterona, pues las mujeres siguen interpretando papeles secundarios, muy buenos por cierto. Lo anterior, aunado a la infaltable presencia de asesinos desalmados y cazadores de recompensas, viene a inyectar vigor a este tipo de filmes tal y como lo hizo la australiana-británica Propuesta de muerte (The Proposition, 2005), escrita por el músico Nick Cave y protagonizada, como dicen por ahí, "por puro cabrón": Ray Winstone, Guy Pearce, John Hurt y Danny Huston.



Qué bueno que programaron ambas cintas en la Cineteca. Así pude ver Misión..., como se debe, on the silver screen.

sábado, 15 de diciembre de 2007

La oscuridad, una vez más


¿Por qué filmar otra película de vampiros? Cuando ya, desde hace mucho tiempo, no creemos que el poder de la cruz, las hostías o el agua bendita puedan detenerlos. Asimismo, Blade ya nos demostró que, aunque con sus armas de alto poder es posible exterminarlos, el poder económico y político detrás de ellos los convierte en una plaga que se reproduce una y otra vez tan sólo para causar muerte y destrucción; y, finalmente, cagarla -as humans do-. De modo que 30 días de noche (30 Days of Night, 2007) viene a inyectar, sin duda, nuevos bríos al subgénero vampírico del cine de horror y sobra decir que lo consigue enhorabuena.


Antes que nada un paréntesis: odio a l@s tennagers, y no tan teens, que van a ver películas de terror y se la pasan cuchicheando, riéndose y demás, la mayoría de las veces, de sus propias pendejadas. Me mantienen al borde de fastidiarme la función. Sin embargo, para mi "buena suerte" y la mala, de quién sabe quién, no sucede así. Eso sí, siempre y cuando la historia contada sea buena; porque si hablamos de Hasta el viento.... en su remake, pues ya no pienso igual. En fin, la experiencia pudo ser mejor, pero nada es perfecto, ¿verdad?


Basada en la novela gráfica de Steve Niles, quien además participó en el guión, y dirigida por el inglés David Niles -quien me quedó a deber un poco (muy leve, de hecho) de tensión dramática con su ópera prima Niña mala (Hard Candy, 2005), pero con esta última me pagó con creces-, 3o días de noche nos devuelve a la noción de que somos sumamente vulnerables. De entrada, resulta de antología todo el epílogo, con vívidas imágenes del crepúsculo en la tundra, de cuando un pueblo del Polo Norte-que da lo mismo esté retirado de la "civilización" a 430 km o más, cuando te dicen que es Alaska, ya es en la quinta chingada- se prepara para el cruento "invierno" (irónico, ¿no?) de un mes sin luz del sol. Por lo que queda explícito que la misma naturaleza los (nos) amenaza. Luego, con el hecho de que si algún detalle -intervención humana o no- irrumpiera en tan cruentas condiciones y lo planeado saliera mal, surge la incógnita, ¿sobreviviremos?


El filme recuerda a la británica El decenso (The Descent, 2005), de Neil Marshall; así como a la hollywoodense La cueva (The Cave, 2005), de Bruce Hunt. Puesto que en ambas los vampiros son fuerzas de la oscuridad, depredadores que están constantemente al acecho. Excepto que en la visión de Niles, tales criaturas son más "humanas" que hasta se visten, tienen su propio idioma y filosofan -o al menos su jefe-, lo cual las vuelve aún más peligrosas.


Así, pese a lo trillado del asunto, los personajes sacan lo mejor -y lo peor- de sí mismos en una situación crítica, como ocurre en los buenos thrillers. Esto es posible gracias a las sobresalientes actuaciones de Josh Harnett, el inquebrantable sheriff; Melissa George, su bella aunque nada frágil ex esposa; y Danny Huston, como Marlowe, líder de los vampiros. Además de la excelente ambientación y desarrollo cinemático logrados por el realizador y sus colaboradores.






miércoles, 12 de diciembre de 2007

The horror! The horror!


En realidad iba con la intención de ver otra peli, pero el horario no coincidía con mi ansiedad; así que acabé viendo El títere (Dead Silence, 2007), la cual ya había pensado comprar en pirata (perdón, quise decir 'clon'). Aunque después de todo, como dicen por ahí, "el cine -afortunadamente- se debe ver en el cine". La cosa es que, al fin y al cabo, valió la pena. Y sí, tienen razón los que dicen que la trama, por momentos, se vuelve predecible; pero creo que es lo que, de entrada, quisiera puntualizar.


Díficilmente surgen las buenas historias en un género como el cine de horror. El exorcista, de Friedkin; El resplandor, de Kubrick; y Carrie (1976), de De Palma -por mencionar sólo unos clásicos-, son excepciones a la regla, porque, aunque las tres son setenteras, su exitoso resultado, además de la mano de sus magníficos directores, se debe en gran medida a su procedencia de buenas fuentes literarias -no muy respetadas al trasladarse al celuloide, pero sí basatante sólidas en sí mismas-. Sin embargo, ése no es el caso de El títere (título por demás forzado). Puesto que, al parecer, hoy en día, "todo" está en el cómo nos cuenten la historia, de qué manera; pues, las tramas, referencias, convenciones, fuentes, etc., se están desgastando. De hecho llevan mucho tiempo así: refriteándose.
A raíz del misterioso -y brutal- asesinato de su esposa, perpetrato la noche en la que recibe un misterioso paquete con un muñeco de ventríloco o dummy, y alentado por una -horrorosa- leyenda infantil, un joven viaja -con un policia a cuestas, quien lo tiene por el principal sospechoso del homicidio- a su fantasmagórico pueblo natal, Ravens Fair, donde la verdad y la tragedia -acaecidas en un pasado remoto- serán develadas, sin concesiones. He ahí el cliché tan (des)gastado. No obstante, como aconseja el respetable Jean-Claude Carrieré, cuando se escribe una historia para la pantalla grande, no hay que dejarlos (clichés) de lado, al menos a la primera.

La neta, la cinta sí me sacó dos tres p... (jejeje). Empezando por el muñeco Billy, que sí se ve muy cabrón. Mientras que los efectos especiales, sin caer en excesos, hacen lo suyo. Por eso y muchas cosas más, la mancuerna de James Wan y Leigh Wannel, artífices de la franquicia de Saw -en mi opinión una de las más rescatables, nada que ver con las ochenteras de Halloween, Viernes 13 o Pesadilla en la calle del Infierno (me refiero a sus secuelas)-, sale bien librada.

Tal vez Dead Silence no se convierta en un film que renueve el género -de hecho se parece un chingo a En la obscuridad de la noche (Darkness Falls, 2003), de Jonathan Liebesman-, pero sí podría llegar a alcanzar el status de cinta de culto (sea lo que eso signifique, pues el término está más que manoseado). Esta última logra sorprender, lo que quiere decir asustar, pese a lo elemental de sus situaciones y lugares comunes, salvo que, fuera de verla la primera vez en cine, se me ha hecho dominguera. Asimismo, Darkness... plantea una situación en la que, luego de su linchamiento, el espectro de la llamada Tooth Fairy regresa del más allá para cobrar venganza (cliché altamente efectivo por su pathétique -de pathos-). Mientras que, pese a su similitud, en Dead... dicho recurso narrativo -y dramático- es llevado a un nivel más primitivo o primigenio, por así decirlo.

Como bien lo señaló Stephen King en Danza Macabra. Y los que hemos leído Drácula estamos de acuerdo con que la idea esbozada por Stoker fue, a grandes y predominantes rasgos, que el famoso conde, que más bien era príncipe: era también el principe de las tinieblas. En sí, lo que desglosa King es el hecho de que Drácula no necesita ejecutar una venganza para elegir una metrópoli, como Londres, para erigir su nueva residencia y, con ésta, su reign of terror.
Luego entonces, a modo de parábola, alegoría, analogía u lo que sea, podríamos preguntarnos si el ser humano es perverso por naturaleza, es decir, ¿necesita motivos para hacer sus chingaderas? O bien, ¿para eso existe la figura del Diablo? -ver Dominion: Prequel to the Exorcist (Schrader, 2005)-. Será que lo que hacemos en esta vida nos sobrepasa y, si fuimos malos, querríamos continuar, aun después de muertos, nuestra labor in any shape or disguise available?

sábado, 10 de noviembre de 2007

Otro 'remake'


Es notable la manía que tienen los distribuidores -al menos en México y España, que no se queda atrás- por ponerles nombres (chaqueteros) a las películas extranjeras. Si bien sí hay una Exorcist: The Beginning así como una The Texas Chaisaw Massacre: The Beginning, las cuales fueron éxhibidas con respectivos sus títulos traducidos literalmente: ....el comienzo; mención aparte merece Halloween: el inicio. Mientras que las dos primeras son precuelas, esta última: no, pero los de Videocine -que al menos recuerdo distribuyeron la de El Exorcista... y, también Batman Begins (Batman inicia)- deben haber considerado "pertinente" el señalar que íbamos a conocer a un Michael Myers niño, es decir, como la precuela -no oficial-. Siendo que el título original es simplemente Halloween, y se trata del refrito/homenaje al clásico de Jonh Carpenter, filmado en 1978.



Luego del largo choro, quiero decir que comparto la opinión de quien escribió en Variety que Rob Zombie había hecho suyo el clásico slasher-film, lo cual es bastante acertado. El también músico se ha destacado como un realizador que no deja de hacer referencias a las películas de serie B de los gloriosos setentas y ochentas, como en su díptico integrado por La casa de los mil cuerpos y Violencia diabólica; además del falso avance Werewolf Women of the S.S. -aún sin proyectarse en México -que forma parte del proyecto Grindhouse, de la mancuerna Rodíguez/Tarantino. Asimismo, Zombie se ha venido desprendiendo un tanto de su inicial (aquí sí aplica) estilo videoclipero de su ópera prima. En suma, sin los cameos y la estética a la que rinde homenaje, sus cintas serían otra cosa.


Es así como, a pesar de que no es el inicio, el director ha dotado a Halloween de un prólogo más extenso y, distinto, del que plantearon Carpenter y su co-gionista y productora Debra Hill. Michael el niño, nada dulce como el setentero, vive en dicha década y no antes. Su psicología de asesino por naturaleza brota -como es el típico caso clínico- tras torturar y matar animales, hasta que explota contra un compañero de escuela (un bully cualquiera) y, más adelante -como anticipamos-, ejecuta a su sister (indiferente y cogelona), y -aportación del cineasta- a su padrastro jodón. Además, el Dóctor Loomis, interpretado por Malcom Mc Dowell (aka Alexander De Large en Naranja mecánica), aparece ante nosotros desde los años escolares del "engendro infernal", cuya madre, encarnada por Sheri Moon Zombie -esposa y actriz fetiche-, quien es la única persona que muestra algún afecto por el púber, se quita la vida, dejando desamparada a su bebé -pieza clave para el desarrollo de Michael como personaje-.



El resto es una reconstrucción más o menos similar de los hechos que Carpenter filmó así como de los que no incluyó -por falta de presupuesto, interés, etc.-; y, sin embargo, Zombie ha logrado darle más vida al inanimado apuñalador de baby sitters, sus novios precoces (ya se imaginarán porque el adjetivo) y de quien se le ponga enfrente, durante los años noventa. Asimismo, hay una conjunción de las dos primeras versiones de Halloween, y claro el último cuarto del filme se torna aún más predecible; pero está pasable. No podían faltar los cameos de las estrellas serie B -y buenas actrices- de clásicos como The Hills Have Eyes o Aullido 2, así como de la cuadra artística de Rob -y la actuación especial del ya ícono chicano Danny Trejo. En fin, apenas me enteré que también se está proyectando en IMAX, aunque no veo que gran diferencia pueda aportarle dicho fromato a los frenéticos cortes de edición o a la fotografía a grano reventado -quizá adulterado en posproducción-. Lo que sí es que, con todo respeto para el fallecido productor de la saga -y su hijo, mismo caso-, deseo que ya entierren a Myers. Los tiempos cambian y los arquetipos igual.


Nota: chingón el homenaje -por partida doble- al incluir la rola "Don't Fear The Reaper", una de las favoritas de Carpenter, mías y, supongo que, de Zombie.